LA demanda de microbicidas

¿Quién los utilizará?

 

Un obstáculo persistente a la investigación y el desarrollo de los microbicidas ha sido la pregunta: ¿Los utilizará la gente? Las grandes compañías farmacéuticas se han mostrado reticentes a invertir en microbicidas debido a que no han visto un mercado lo suficientemente grande como para resultar rentable. Incluso en el sector público, algunos profesionales expresan sus dudas respecto a la posibilidad de que las personas tuvieran más dispuestas a utilizar un microbicida que un condón masculino o femenino. Aunque la ausencia de un producto utilizable en estos momentos hace que sea difícil predecir el alcance exacto del uso de microbicidas, la investigación que se lleva a cabo en diversos países documenta el entusiasmo de las mujeres respecto a una alternativa que ellas puedan controlar, su disposición a pagar por ella y sus preferencias entre varias formulaciones. Este conocimiento puede dar información para la investigación en marcha y para el desarrollo de posibles productos. También demuestra que hay una demanda del mercado y aborda los mitos y concepciones erróneas sobre el interés de las mujeres por los microbicidas.

 

MITO:  Sólo las mujeres pobres de países en desarrollo usarían microbicidas.

 

REALIDAD:  A pesar de que las mujeres de países en desarrollo tienen una necesidad desesperada de un producto preventivo que puedan controlar por sí mismas, no son las únicas. Una encuesta telefónica realizada con 1.000 mujeres sexualmente activas de edades comprendidas entre 18 y 44 años en Estados Unidos demostraba que hay unos 21.3 millones de mujeres estadounidenses interesadas en un producto microbicida.[1]  Un estudio llevado a cabo por la Unión Europea en once países demostró que el 25% de las mujeres francesas urbanas entrevistadas consideraban que un microbicida sería “muy útil”.[2]

 

MITO: El mercado de los microbicidas sería comparable al de los espermicidas en Estados Unidos, aproximadamente 40 millones de dólares.

 

REALIDAD: La analogía entre espermicidas y microbicidas está alterada por muchas razones. El mercado de los espermicidas es reducido porque las mujeres tienen acceso a muchas otras opciones eficaces para prevenir el embarazo; para la prevención de infecciones, la única alternativa son los condones. El posible mercado para un método de doble acción, que ofrezca protección contra las infecciones además de ser eficaz contra el embarazo, todavía no se ha previsto. Más aún, no se ha realizado ninguna mejora significativa en los espermicidas actuales en los últimos treinta años. Podrían desarrollarse nuevos productos que sean menos complicados y más “fáciles de usar”, aumentando así su aceptabilidad entre las usuarias.

 

MITO:  Las personas que más necesitan los microbicidas puede que no puedan permitírselos.

 

REALIDAD:  El estudio de la Unión Europea demostró que incluso en países con escasos recursos las mujeres estaban dispuestas a pagar hasta cinco veces el precio local de un condón por un método preventivo que ellas pudieran controlar. El 68% de las mujeres entrevistadas en Kenia pagarían hasta dos veces más por un microbicida que por un condón, proporción que fue del58% en Brasil y del 13% en Francia.[3]  Un estudio llevado a cabo entre mujeres de clase media y baja en Brasil mostró que casi la mitad de ellas pagarían hasta 5 dólares por aplicación, un 15% hasta 3 dólares y un 30% hasta 1 dólar.[4]

Mientras que en Estados Unidos es mayor el interés expresado por las mujeres más pobres, estas mismas mujeres también se percibían en mayor riesgo[5] y en mayor necesidad de un producto microbicida. Además, hay una considerable clase media en países en desarrollo dispuesta a utilizar los microbicidas. En India, la “clase media” consta de 158 millones de personas, más de dos veces el número de mujeres de edades comprendidas entre 15 y 49 años en Estados (69,9 millones).

 

MITO:  Una vez que un buen microbicida llegue al mercado no habrá necesidad de más investigación ni inversión.

 

REALIDAD:  Es probable que un microbicida de primera generación no posea todas las características de un producto “ideal”. La eficacia y la aceptabilidad de los primeros productos avanzarán con el tiempo y es probable que los mejores productos combinen diversos mecanismos de acción con el fin de ofrecer protección frente a varias ITS. Además, las preferencias de las mujeres son muy variadas y las formulaciones y mecanismos que resulten adecuados en un entorno pueden ser poco apropiados para otro. En un estudio realizado en cinco países sobre las preferencias de formulación[6], las mujeres de Zimbabwe preferían películas como el mecanismo de administración debido a que no era lubricante, mientras que las mujeres mayores de Costa de Marfil preferían la lubricación que aportaba el gel. Mientras que a casi un tercio de las participantes del estudio de Nueva York les gustaba la presentación en forma de supositorio, las mujeres de los centros de países en desarrollo lo encontraban poco apropiado porque se fundía con las altas temperaturas. Las usuarias de microbicidas darán prioridad a las diferentes características de los productos, como el uso a escondidas, el empaquetado de usar y tirar, la propiedad lubricadora, la facilidad de aplicación, el color y el olor, en función de su situación específica. La variedad de presentaciones es fundamental, lo que significa que el mercado podría soportar la presencia de muchos productos diferentes.

 

MITO:  Las mujeres de una cultura determinada no se sentirían cómodas teniendo que insertar o aplicar un producto vaginal.

 

REALIDAD:  Las mujeres de muchas culturas han practicado durante mucho tiempo hábitos asociados con la higiene vaginal y la sexualidad. Es probable que la aplicación de un microbicida fuera similar al uso de duchas, tampones, tratamientos para infecciones por hongos, lubricantes sexuales, agentes para propiciar la sequedad vaginal, hierbas u otros métodos anticonceptivos de barrera. Está claro que la promoción y la distribución de un microbicida, como en el caso del condón femenino, debiera incluir instrucciones adecuadas culturalmente y apoyo para un uso correcto.

 

MITO:  Si hubiera microbicidas ya disponibles, las personas dejarían de utilizar condones y acabarían por situarse en un riesgo más alto de contraer el VIH y otras ITS.

 

REALIDAD: La preocupación por la “migración del condón”, la idea de que las personas que utilizan el condón cambiarían a la protección posiblemente más sencilla pero menos efectiva de los microbicidas, aumentando así su riesgo, no es del todo cierta ni tampoco inevitable. L@s usuari@s de condones no son l@s beneficiari@s diana de la tecnología de los microbicidas, pues éstos están pensados como alternativa para individuos que no tengan posibilidad de utilizar preservativos de manera continuada y correcta. A nivel de la población general, el grado de protección ofrecido por un método está en función no sólo de su eficacia (su capacidad para prevenir la infección por coito) sino en la consistencia de su uso en las relaciones y en qué porcentaje de parejas lo utiliza. Los modelos matemáticos muestran que la complementación de un método muy eficaz pero usado de manera no continuada (como el condón) con un método de menor eficacia que pudiera ser utilizado por más personas (como un microbicida) aumentaría el número total de casos de VIH evitados.[7] Cuando se ofrece información completa y fidedigna, las personas son capaces de tomar decisiones personales sobre su salud. La efectividad relativa de los condones frente a los microbicidas debería aclararse en el etiquetaje de todos los productos y en las intervenciones de salud pública. Un mensaje jerárquico que promocione los condones como la “mejor elección” pero que sugiera que los microbicidas pueden ser una opción de segunda línea cuando no sea posible usar condones es coherente con otros enfoques de “reducción de daños” de la prevención del VIH.

 



[1] Darroch, JE and JJ Frost. 1999.  Women’s Interest in Vaginal Microbicides.  Family Planning Perspectives  31:1, 16-23.

[2] EU HIV/AIDS Programme in Developing Countries. 1998.  A study into the market potential for vaginal microbicides.  Para más información contacta conl Bob Hill, (+44) 442 864773, email bobhill@virgin.net.

[3] ibid.

[4] Hardy E, de Padua KS, Osis MJD, Jiménez AL, Zaneveld LJD. 1998. Women’s Preferences for Vaginal Antimicrobial Contraceptives IV:      Attributes of a Formulation That Would Protect From STD/AIDS.  Contraception 58:251-55.

[5] Darroch & Frost, 1999.

[6] Coggins C. et al.  A Study of Women’s Preferences Regarding the Formulation of Over-The-Counter Vaginal Spermicides.  New York, NY: The Population Council.  1998.

[7] Watts CH, Thompson WA, Heise LL. 1998.  The impact of microbicides for HIV prevention: Results of a mathematical modeling exercise.  Presentation at 12th World AIDS Conference, Geneva, July 1998.